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Terror

Acepté cuidar una antigua biblioteca durante una semana... pero cada noche encontraba un libro fuera de lugar

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Anónimo
06/08/2026 5 min de lectura
Acepté cuidar una antigua biblioteca durante una semana... pero cada noche encontraba un libro fuera de lugar

Nunca me consideré una persona supersticiosa. Siempre pensé que cualquier historia de terror tenía una explicación lógica, aunque a veces tardáramos en encontrarla. Por eso, cuando un amigo me pidió que cuidara una antigua biblioteca mientras él estaba de viaje, acepté sin pensarlo demasiado. El edificio pertenecía a una pequeña institución cultural y permanecía cerrado al público durante unas obras de mantenimiento. Mi única tarea consistía en abrir por las mañanas para que entraran los trabajadores, cerrar por la tarde y asegurarme de que todo quedara en orden antes de irme.

El primer día transcurrió con absoluta normalidad. Recorrí los pasillos llenos de estanterías, revisé puertas y ventanas y, antes de apagar las luces, confirmé que todos los libros estuvieran en su lugar. Sin embargo, al regresar a la mañana siguiente encontré un volumen antiguo sobre una de las mesas de lectura. Pensé que algún trabajador lo habría dejado allí por descuido, así que lo devolví a su estante y continué con mi rutina. Al día siguiente ocurrió exactamente lo mismo. El mismo libro, la misma mesa y la misma posición. Pregunté a los trabajadores si alguno lo estaba consultando, pero todos respondieron que ni siquiera habían entrado a esa sala. Uno de ellos incluso comentó que prefería no acercarse porque siempre hacía mucho más frío allí que en el resto del edificio.

No le di demasiada importancia, aunque la curiosidad empezó a crecer. La tercera mañana decidí hacer una pequeña prueba. Antes de cerrar la biblioteca tomé una fotografía de la sala y comprobé que el libro estuviera correctamente colocado en su estantería. También dejé una pequeña marca de papel entre dos páginas para asegurararme de que era exactamente el mismo ejemplar. Al regresar al día siguiente sentí un ligero escalofrío. El libro había vuelto a aparecer sobre la mesa y la marca seguía exactamente donde la había dejado. Comencé a revisar las cámaras de seguridad convencido de que alguien entraba durante la noche, pero las grabaciones no mostraban a ninguna persona. Las puertas permanecían cerradas y no se registraba ningún movimiento en la sala. Aquello despertó mucho más mi curiosidad que mi miedo. Decidí investigar la historia del edificio y descubrí que la biblioteca tenía más de cien años. Originalmente había sido la casa de un profesor muy reconocido por su enorme colección de libros y, después de su fallecimiento, su familia donó toda la biblioteca para que cualquier persona pudiera disfrutarla. Uno de los empleados más antiguos sonrió cuando le conté lo del misterioso libro.

Me dijo que no era el primero en notarlo y que varias personas, a lo largo de los años, habían encontrado ese mismo ejemplar fuera de lugar sin que nadie pudiera explicar cómo llegaba hasta allí. La última noche de mi encargo decidí quedarme unos minutos más después de cerrar. Apagué casi todas las luces y permanecí sentado en silencio observando la sala. Durante un buen rato no ocurrió absolutamente nada. Cuando estaba a punto de marcharme escuché un sonido muy suave. No era un golpe ni un paso. Parecía el ruido de una hoja pasando lentamente. Me acerqué a la estantería donde debía estar el libro y comprobé que seguía allí. Respiré aliviado, pero al girar la vista hacia la mesa de lectura descubrí que había otro libro abierto. No era el mismo de siempre. Era un volumen mucho más antiguo. Me acerqué con curiosidad y observé que una frase aparecía subrayada con un lápiz desgastado. Decía: "Toda biblioteca guarda historias que aún esperan ser descubiertas." Sonreí sin saber exactamente por qué. Cerré el libro, lo devolví cuidadosamente a su lugar y terminé mi recorrido. Al día siguiente entregué las llaves a mi amigo y le conté todo lo ocurrido. Escuchó la historia con calma y luego me confesó algo que nunca me había mencionado. Ese libro que aparecía una y otra vez sobre la mesa era el favorito del antiguo propietario de la biblioteca. Según contaban quienes lo conocieron, todas las tardes se sentaba exactamente en ese lugar para leer durante horas.

Cuando organizaron la colección décadas atrás decidieron devolver el ejemplar a la estantería, pero con el paso de los años muchas personas aseguraban encontrarlo nuevamente sobre la misma mesa, sin que nadie admitiera haberlo movido. No sé si existe una explicación para aquello. Tal vez algún visitante curioso lo tomaba y luego olvidaba devolverlo. Tal vez las cámaras tenían un punto ciego. O quizá simplemente algunas historias encuentran la forma de seguir despertando curiosidad generación tras generación.

Lo único que sé es que, desde aquella semana, cada vez que entro en una biblioteca antigua no puedo evitar mirar primero la mesa de lectura. Solo por si algún libro... todavía está esperando pacientemente a que alguien vuelva a abrirlo.

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