El día que no mentí
Hace 1 año y medio conocí a Camila en el trabajo. Al inicio solo era conversa en el almuerzo. Después café. Después quedarnos tarde "terminando un proyecto".
Una noche me llamó llorando. Su papá había muerto. Fui a acompañarla. Ahí pasó.
No fue planeado. No fue de un día para otro. Fue como si en 3 meses me hubiera ido metiendo a un hueco sin darme cuenta.
Duró 4 meses. Mentí todos los días. "Me quedo tarde", "reunión", "tráfico".
El peor día fue cuando Lucía me dijo: "Amor, estoy rara. Creo que estoy embarazada".
Esa noche no dormí. Pensé en irme, en confesar, en desaparecer.
A la semana se hizo la prueba. Salió negativa. Respiré aliviado... y me odié por eso.
Una semana después Camila me dijo: "O dejas a Lucía o yo me alejo". Ahí entendí que no amaba a ninguna de las dos. Amaba la mentira.
Ese mismo día llegué a casa y le conté todo a Lucía. Llorando. Sin excusas.
Ella no gritó. Solo agarró una maleta y se fue a casa de su mamá.
Me dejó una nota: "Prefiero un infierno con la verdad, que un paraíso con mentiras. No sé si te voy a perdonar. Pero gracias por no mentirme un día más."
Hoy ya pasó 1 año. Vivimos separados. Vamos a terapia por separado.
Con Lucía hablamos poco. Con Camila no hablo.
Perdí mucho. Pero gané algo: ya no me miento a mí mismo.
Si estás leyendo esto y estás en el hueco... sal. Aunque duela. Mentir cansa más que perder.
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