El pasajero que nunca subió al autobús
Eran casi las once de la noche cuando Andrés tomó el último autobús para regresar a casa. Solo había tres pasajeros: una mujer que dormía junto a la ventana, un hombre con gorra sentado al fondo y él.
Todo parecía normal hasta que el conductor lo miró por el espejo retrovisor y le preguntó: —Disculpa, muchacho, ¿tú también lo estás viendo? Andrés frunció el ceño. —¿A quién? El conductor no respondió.
Simplemente señaló los asientos vacíos que había detrás de Andrés. Él se giró lentamente, pero no vio a nadie. Cuando volvió a mirar hacia delante, el hombre de la gorra estaba de pie en medio del pasillo. —No te bajes en la próxima parada —susurró—. Pase lo que pase, no te bajes. Andrés sintió un escalofrío. —¿Por qué? El desconocido se acercó y le mostró la pantalla de su teléfono.
Era una noticia publicada hacía apenas unos minutos: «Autobús pierde el control y cae por un barranco. No hay sobrevivientes». Andrés reconoció el número de la línea. Era el autobús en el que viajaba. —Eso no puede ser —murmuró, levantándose de golpe.
En ese instante, el vehículo frenó bruscamente. La mujer dormida abrió los ojos y comenzó a gritar. El conductor giró el volante, pero el autobús no respondía. A través del parabrisas, Andrés vio una figura inmóvil en medio de la carretera. Tenía su misma cara, su misma ropa y una sonrisa que parecía demasiado grande para un rostro humano. Las luces se apagaron. Se escuchó un estruendo y todo quedó en silencio.
Andrés abrió los ojos de golpe. Estaba sentado en su habitación, empapado en sudor. Miró el reloj: las diez y cuarenta de la noche. Había sido una pesadilla. Respiró aliviado, se vistió y salió corriendo para alcanzar el último autobús.
Cuando subió, el conductor lo miró por el espejo retrovisor. Era el mismo de su sueño. Andrés se quedó helado. Al fondo del vehículo, un hombre con gorra levantó lentamente la cabeza y le susurró: —Te dije que no te bajaras. Entonces Andrés comprendió algo terrible: en su sueño había visto lo que iba a suceder, pero esta vez no estaba dormido.
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