La carta olvidada
Sin pensarlo demasiado, entré en un viejo bar del centro de la ciudad. Era un lugar pequeño, con paredes de ladrillo, mesas de madera desgastadas y una iluminación cálida que invitaba a quedarse. No había más de seis personas en el local.
Elegí una mesa junto a la ventana.
Mientras esperaba mi pedido, intenté acomodar una de las patas de la mesa, que se movía ligeramente. Al pasar la mano por debajo, mis dedos tocaron algo pegado con cinta adhesiva.
Era un sobre viejo.
El papel estaba amarillento y tenía manchas de humedad. En la parte delantera solo había una frase escrita con tinta negra.
"Para quien decida buscar la verdad."
No tenía nombre.
No tenía fecha.
Miré alrededor. Nadie parecía observarme.
Con cuidado abrí el sobre.
Dentro había una única hoja doblada varias veces.
Las primeras líneas decían:
"Si estás leyendo esto, significa que llegaste demasiado tarde. No confíes en la persona que se siente frente a ti. Él sabe más de lo que aparenta."
Levanté la vista de inmediato.
La silla frente a mí estaba completamente vacía.
Sonreí nervioso. Pensé que alguien había escondido aquella carta como parte de una broma.
Continué leyendo.
"Detrás del viejo reloj que está junto a la puerta encontrarás una fotografía. No la mires aquí. Guárdala y sal del bar antes de verla."
Justo en ese instante escuché una voz detrás de mí.
—¿Todavía tienes esa carta?
Me giré de golpe.
No había nadie.
El camarero seguía limpiando vasos detrás de la barra y una pareja conversaba cerca de la puerta como si nada hubiera ocurrido.
Respiré hondo.
Quizá el cansancio me estaba jugando una mala pasada.
Guardé la carta en el bolsillo y caminé lentamente hasta el viejo reloj de madera que colgaba junto a la entrada.
Metí la mano detrás del reloj.
Había algo.
Saqué un pequeño paquete envuelto en papel periódico.
Lo guardé sin abrirlo y regresé a mi mesa.
Pagué la cuenta y salí del bar.
Solo cuando estuve bajo el techo de un edificio cercano abrí el paquete.
Era una fotografía en blanco y negro.
Cinco hombres brindaban alrededor de una mesa.
Reconocí el lugar inmediatamente.
Era el mismo bar.
Pero lo que hizo que el corazón se me acelerara fue otra cosa.
Uno de aquellos hombres era exactamente igual al que había visto reflejado en la ventana.
En la parte trasera de la fotografía había una fecha.
12 de octubre de 1987.
Debajo, alguien había escrito:
"Solo uno de nosotros logró salir con vida."
Esa noche casi no pude dormir.
Al día siguiente regresé al bar.
El mismo camarero estaba detrás de la barra.
Le mostré la fotografía.
Su rostro cambió por completo.
Permaneció varios segundos en silencio antes de decir:
—¿Quién te dio eso?
Le conté lo ocurrido.
El hombre respiró profundamente.
Después miró hacia la puerta para asegurarse de que nadie escuchara.
—Hace casi cuarenta años, cinco amigos celebraban aquí el cumpleaños de uno de ellos. Esa misma noche salieron juntos del bar. Nunca llegaron a casa.
Sentí un escalofrío.
—¿Qué pasó?
—Su automóvil cayó al río durante una tormenta. Los cinco fueron dados por muertos.
Miré nuevamente la fotografía.
Entonces recordé la frase escrita detrás.
"Solo uno logró salir con vida."
—Pero... si todos murieron...
El camarero negó lentamente con la cabeza.
—Eso fue lo que dijeron los periódicos.
Sacó una vieja caja de madera de debajo de la barra.
Dentro había recortes de diarios amarillentos.
En uno de ellos aparecía la noticia del accidente.
Sin embargo, otro artículo, publicado días después, mencionaba que uno de los cuerpos jamás había sido encontrado.
—Nunca supimos qué ocurrió con él —dijo el camarero.
En ese momento observé con atención la fotografía.
Algo había cambiado.
Donde antes aparecían cinco hombres...
Ahora solo había cuatro.
El hombre del sombrero había desaparecido.
Creí que estaba perdiendo la razón.
Le mostré la foto al camarero.
Su expresión se volvió pálida.
—Ayer estaba él... aquí mismo.
Ninguno de los dos dijo una palabra durante varios segundos.
Antes de irme, el camarero me entregó la carta.
—Quédatela.
Ya no quiero volver a verla.
Pasaron varios meses.
Intenté olvidar todo aquello.
Una noche decidí ordenar algunos documentos en mi casa.
Al abrir un viejo cajón encontré nuevamente el sobre.
No recordaba haberlo guardado allí.
Lo abrí.
La hoja seguía dentro.
Pero ahora tenía una última frase que nunca había visto.
"Gracias por escuchar nuestra historia. Ya podemos descansar."
Volví a sacar la fotografía.
Los cinco hombres habían regresado.
Todos sonreían mientras levantaban sus vasos.
En la esquina inferior derecha había una silla vacía.
Sobre ella alguien había escrito una sola palabra.
"Gracias."
Desde aquella noche nunca volví a encontrar otra carta escondida en ese bar.
Pero cada vez que entro, pido la misma mesa.
Y, aunque nunca he vuelto a ver al hombre del sombrero, siempre dejo una cerveza servida frente a la silla vacía.
Por si algún día decide regresar. 🍺
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