La casa donde nadie hablaba del pasado - Parte 1
Hola esta historia lo contare en partes, espero les guste.
Nunca imaginé que volvería a San Jacinto del Ucayali, un pequeño pueblo perdido entre los ríos y la selva, a varias horas de Iquitos. Mi familia había abandonado aquel lugar cuando yo apenas tenía ocho años y, desde entonces, nadie volvió a mencionarlo. Cada vez que preguntaba por qué nos habíamos marchado tan deprisa, mi madre encontraba una excusa para cambiar de conversación y mi abuelo repetía siempre la misma frase: "Hay lugares que es mejor recordar desde lejos". Durante años pensé que eran palabras de alguien que simplemente quería dejar atrás el pasado, hasta que una mañana apareció una carta en el buzón de mi departamento. No tenía remitente y solo llevaba mi nombre escrito con una caligrafía que despertó un recuerdo difícil de explicar. Dentro había una única hoja de papel con una frase muy breve: *"Ha llegado el momento de que regreses. La casa sigue esperándote."* Debajo de aquellas palabras solo aparecía el dibujo de una enorme ceiba, el mismo árbol que, según mis recuerdos de infancia, crecía frente a la antigua casa de mis abuelos.
Intenté convencerme de que todo era una broma de mal gusto, pero cada noche comenzaba a tener el mismo sueño. Caminaba por un sendero de tierra mientras una lluvia fina caía sobre la selva y, al final del camino, distinguía una vieja casa de madera con una sola ventana iluminada. Nunca lograba acercarme porque siempre despertaba antes de llegar a la puerta. Después de varios días sin poder quitarme aquella imagen de la cabeza decidí viajar a Iquitos y desde allí continuar el recorrido por río hasta el pueblo donde había nacido. El trayecto fue largo, silencioso y, de alguna manera, familiar. Mientras la embarcación avanzaba, observaba cómo la vegetación parecía cerrarse alrededor del agua formando un paisaje tan hermoso como imponente. Recordaba algunos sonidos de mi infancia, el canto de ciertas aves y el olor húmedo de la selva después de la lluvia, aunque también sentía una extraña inquietud que no conseguía explicar.
Cuando finalmente llegué al pequeño embarcadero de San Jacinto del Ucayali, tuve la sensación de que el tiempo apenas había pasado por aquel lugar. Las casas de madera seguían alineadas junto a las calles de tierra, el viejo reloj de la plaza permanecía detenido exactamente a las cuatro y veinte y varias personas dejaron de conversar apenas me vieron bajar de la lancha. Sus miradas no eran de simple curiosidad; parecían reconocerme. Una mujer de cabello completamente blanco se acercó unos pasos, me observó durante unos segundos y dijo en voz baja: "Eres igual que tu padre". Esperé que continuara hablando, pero simplemente sonrió con tristeza y siguió su camino sin mirar atrás. Aquella breve conversación fue suficiente para hacerme sentir que todos conocían algo que yo ignoraba.
La casa familiar estaba a pocos minutos caminando desde la plaza. Al llegar encontré el portón ligeramente abierto, algo que me sorprendió porque sabía que llevaba muchos años deshabitada. Empujé la puerta con cuidado y una mezcla de olor a madera antigua y polvo llenó el ambiente. Los muebles seguían prácticamente en el mismo sitio donde los recordaba y varias fotografías continuaban colgadas de las paredes como si nadie hubiera tocado nada desde nuestra partida. Caminé lentamente por cada habitación intentando reconstruir recuerdos que parecían escondidos en algún rincón de mi memoria. Fue entonces cuando descubrí una pequeña puerta bajo la escalera. No recordaba haberla visto nunca. Estaba cerrada con un viejo candado y, sobre el marco, alguien había grabado una frase directamente en la madera: *"No abras hasta conocer toda la verdad."* Pasé la mano sobre aquellas letras intentando entender su significado, cuando un leve sonido me hizo girar de inmediato.
Creí escuchar pasos en el pasillo. Permanecí inmóvil durante unos segundos mientras el silencio volvía a apoderarse de la casa. Revisé cada habitación sin encontrar a nadie. Pensé que quizá había sido el viento moviendo alguna ventana antigua, así que decidí salir antes de que anocheciera. Sin embargo, justo cuando estaba por cerrar la puerta principal, algo llamó mi atención. Sobre la mesa del comedor descansaba un sobre amarillento que podía jurar que no estaba allí unos minutos antes.
Lo abrí con cuidado y encontré una vieja fotografía en blanco y negro. En ella aparecían mis padres, mis abuelos y yo siendo apenas un niño, todos sonriendo frente a la casa. Pero había alguien más. Junto a mi abuelo estaba una niña de unos diez años a la que jamás había visto en ninguna fotografía familiar. Le di la vuelta a la imagen y descubrí una única frase escrita con tinta ya descolorida: *"Pregúntales por Elena."* Permanecí varios minutos observando aquellas palabras.
No conocía a ninguna Elena en mi familia y, sin embargo, algo dentro de mí me decía que aquel nombre llevaba muchos años esperando que alguien volviera a pronunciarlo. En ese instante comprendí que el verdadero motivo de mi regreso no era visitar la vieja casa, sino descubrir un secreto que todos habían decidido guardar durante demasiado tiempo. continuara....
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