ANUNCIO
Terror

La habitación del fondo

?
Anónimo
10/09/2026 8 min de lectura
La habitación del fondo

La primera vez que Martín escuchó que alguien caminaba por el pasillo eran las 2:17 de la madrugada. No le dio importancia. Vivía solo desde hacía casi un año y, después de tantas noches en aquel departamento, había aprendido que los edificios viejos hacían ruidos extraños. Las tuberías golpeaban, las ventanas vibraban cuando pasaban camiones y, algunas noches, el ascensor se detenía en pisos donde nadie había llamado.

Pero aquella noche el sonido fue diferente.

Fueron tres pasos.

Lentos.

Uno.

Dos.

Tres.

Martín abrió los ojos y se quedó mirando el techo oscuro de su habitación. Durante unos segundos no escuchó nada más. Pensó que quizá había sido un sueño. Se dio la vuelta y cerró los ojos.

Entonces escuchó un cuarto paso.

Esta vez más cerca.

Martín se incorporó lentamente en la cama. Miró hacia la puerta de su habitación, que había dejado entreabierta antes de dormir. Del otro lado estaba el pequeño pasillo que llevaba a la sala y a la cocina.

No había nadie.

Encendió la lámpara de noche.

Nada.

Se levantó, caminó hasta la puerta y revisó todo el departamento. La sala estaba vacía. La cocina también. La puerta principal seguía cerrada con llave.

Regresó a la cama convencido de que había imaginado los pasos.

A la mañana siguiente encontró algo extraño.

Había una taza sobre la mesa de la cocina.

Martín estaba seguro de no haberla dejado allí.

Era una taza blanca, sin dibujo, que normalmente guardaba en el estante superior. La tomó y la observó durante unos segundos. Estaba completamente vacía.

Pensó que quizá la había usado la noche anterior y simplemente no lo recordaba.

No volvió a pensar en ello.

Hasta tres noches después.

Eran nuevamente las 2:17.

Martín estaba despierto viendo videos en el teléfono cuando escuchó los pasos.

Uno.

Dos.

Tres.

Se quedó inmóvil.

Esta vez no había posibilidad de confundirlos con otra cosa.

Alguien estaba caminando por el pasillo.

Martín dejó el teléfono sobre la cama y contuvo la respiración.

Esperó.

Nada.

Después escuchó un pequeño golpe proveniente de la cocina.

Toc.

Martín sintió un escalofrío.

No quería salir de la habitación, pero tampoco quería quedarse allí esperando.

Tomó el teléfono y activó la linterna.

Caminó lentamente hacia la cocina.

La luz iluminó primero la pared.

Después el refrigerador.

Luego la mesa.

Y finalmente la taza.

Estaba nuevamente allí.

Pero esta vez había algo dentro.

Agua.

Martín se quedó mirando la taza durante varios segundos.

No la tocó.

Regresó a su habitación y cerró la puerta con llave.

Al día siguiente llamó al administrador del edificio.

Le contó lo que había ocurrido, intentando que su voz sonara tranquila.

El hombre escuchó en silencio.

—¿En qué departamento dices que estás? —preguntó.

Martín le dio el número.

Hubo una pausa.

—¿Estás seguro?

—Sí.

El administrador respiró profundamente.

—Ese departamento estuvo vacío durante casi ocho años antes de que tú llegaras.

Martín frunció el ceño.

—¿Y?

—Nada. Solo me pareció extraño que dijeras que escuchas pasos.

—¿Por qué?

El administrador tardó unos segundos en responder.

—Porque el departamento de al lado está vacío.

Martín miró hacia la pared.

—¿El de la derecha?

—Los dos.

Aquella noche Martín decidió dormir en casa de un amigo.

No quería quedarse solo.

Pero antes de salir hizo algo que después lamentaría.

Instaló una pequeña cámara en la sala.

La dejó apuntando hacia el pasillo.

Si volvía a escuchar los pasos, tendría una explicación.

O al menos eso pensaba.

A las 2:17 de la madrugada siguiente, la cámara comenzó a grabar.

Martín no estaba en casa.

Había pasado la noche en el sofá de su amigo.

A las 8:30 de la mañana recibió una notificación en el teléfono.

Movimiento detectado.

Abrió la aplicación.

La grabación mostraba el pasillo vacío.

Durante casi veinte minutos no ocurrió nada.

Entonces, a las 2:17:04, la imagen cambió ligeramente.

La puerta de la habitación de Martín comenzó a abrirse.

Muy despacio.

Unos centímetros.

Se detuvo.

Después se cerró.

Martín volvió a reproducir el video.

Esta vez con el volumen al máximo.

Y entonces escuchó algo.

Después del tercer paso había una respiración.

Una respiración lenta.

Muy cerca del micrófono.

Martín sintió que se le helaban las manos.

Avanzó la grabación.

A las 2:18, la cámara volvió a detectar movimiento.

Pero esta vez no era en el pasillo.

Era en la cocina.

La imagen mostraba la mesa.

La taza blanca.

Y entonces ocurrió algo que hizo que Martín dejara caer el teléfono.

La taza se movió.

No mucho.

Solo unos centímetros.

Como si alguien la hubiera empujado.

Martín cerró la aplicación.

No quería seguir viendo.

Pero unos segundos después recibió otra notificación.

Movimiento detectado.

Esta vez no abrió el video inmediatamente.

Esperó.

La notificación desapareció.

Después apareció otra.

Y otra.

Y otra.

Todas a las 2:17.

Durante los siguientes días Martín evitó dormir en su departamento.

Pensó en mudarse.

Pensó incluso en llamar a la policía.

Pero no sabía qué podía decirles.

No había una persona entrando.

No había ventanas abiertas.

No faltaba nada.

Y las cámaras no mostraban a nadie.

Solo objetos moviéndose.

Hasta que una noche decidió regresar.

Quería terminar con aquello.

Llegó alrededor de las once.

Revisó cada habitación.

Cerró las ventanas.

Comprobó la puerta principal.

Dejó todas las luces encendidas.

Y colocó el teléfono sobre la mesa mientras preparaba algo para comer.

A las 12:40 recibió un mensaje de un número desconocido.

“No te quedes despierto hasta las 2:17.”

Martín miró el mensaje durante varios segundos.

Pensó que era una broma.

Respondió:

“¿Quién eres?”

La respuesta llegó inmediatamente.

“Tú sabes quién soy.”

Martín sintió un nudo en el estómago.

Bloqueó el número.

A las 1:30 intentó dormir.

A las 2:05 seguía despierto.

Miraba el reloj.

2:10.

2:12.

2:15.

Se dijo que todo aquello era una coincidencia.

2:16.

El departamento estaba completamente silencioso.

2:17.

Nada.

Martín soltó el aire que había estado conteniendo.

Entonces escuchó tres pasos.

Uno.

Dos.

Tres.

Esta vez venían desde dentro de su habitación.

Martín no se movió.

Miró lentamente hacia la puerta.

Estaba cerrada.

Los pasos continuaron.

Pero ahora estaban detrás de él.

Martín sintió que alguien estaba parado en la cocina.

No quería girarse.

No quería mirar.

Su teléfono vibró sobre la mesa.

Un mensaje.

El mismo número.

“Ahora sí puedes mirar.”

Martín levantó lentamente la cabeza.

Frente a él había un espejo.

Y en el reflejo pudo ver la cocina.

La mesa.

La taza blanca.

Y detrás de él...

una persona.

Martín se quedó completamente paralizado.

No podía distinguir su rostro.

Solo una silueta oscura parada a pocos metros.

Entonces la figura levantó lentamente una mano.

Y señaló la puerta de la habitación.

Martín miró hacia la puerta.

Después volvió a mirar el espejo.

La figura había desaparecido.

Corrió hacia la salida.

La puerta principal no abría.

La llave giraba, pero la cerradura no cedía.

Volvió a intentarlo.

Nada.

Entonces escuchó pasos detrás de él.

Uno.

Dos.

Tres.

Martín comenzó a golpear la puerta.

—¡Ayuda!

Nadie respondió.

Los pasos se detuvieron justo detrás de él.

Y una voz susurró:

—No debiste volver.

Martín se giró.

No había nadie.

La puerta finalmente se abrió.

Salió corriendo del edificio y nunca volvió a entrar.

Dos días después entregó las llaves y se mudó.

Nunca descubrió quién le enviaba los mensajes.

Nunca encontró una explicación para las grabaciones.

Pero existe algo que todavía conserva.

Una fotografía que tomó accidentalmente la noche anterior.

La encontró en su teléfono semanas después.

Era una foto de la cocina.

La mesa.

La taza blanca.

Nada más.

Excepto por un pequeño detalle.

En el reflejo de la ventana, detrás de Martín, podía verse claramente una persona.

Y lo peor no era eso.

Lo peor era la fecha de la fotografía.

Había sido tomada tres días antes de que Martín se mudara al departamento.

Tres días antes de que él tuviera las llaves.

Tres días antes de que, según el administrador, el departamento estuviera vacío.

💬 0 Comentarios 👁 1 Visita
ANUNCIO
SIGUE DESCUBRIENDO

También te puede interesar

Otras historias de Terror que quizá quieras leer.

CONVERSACIÓN

Comentarios

0 comentarios
💬

Todavía no hay comentarios

Sé la primera persona en compartir tu opinión sobre esta historia.