La llamada que nunca debí contestar
Nunca he sido una persona que crea en fantasmas o cosas paranormales, pero después de lo que me pasó hace cuatro años dejé de burlarme de quienes cuentan historias extrañas. Tengo 38 años y trabajo como técnico de internet, así que muchas veces me toca visitar casas alejadas de la ciudad. Ese día terminé mi última instalación cerca de las ocho de la noche. El cliente insistió en que me quedara a cenar porque ya estaba oscureciendo, pero preferí regresar. Pensé que en menos de una hora estaría en casa. A los pocos minutos de salir, la señal del celular desapareció por completo. Era una carretera rodeada de árboles y apenas pasaba algún vehículo de vez en cuando. Mientras conducía, el teléfono sonó. Me sorprendió porque no tenía señal. Miré la pantalla y solo aparecía "Número desconocido". Contesté creyendo que era un error. Durante unos segundos solo escuché una respiración muy lenta. Pensé que era una broma y estaba por colgar cuando una voz de mujer dijo: "No sigas... da la vuelta". Me quedé inmóvil. Pregunté quién hablaba, pero la llamada se cortó. Revisé el teléfono y nuevamente aparecía sin cobertura. Seguí manejando intentando convencerme de que había sido algún fallo del equipo. Unos cinco minutos después volvió a sonar. El mismo número. La misma respiración. Esta vez la voz habló más despacio. "Si sigues... no vas a volver". Sentí un escalofrío. Miré por el retrovisor y por un instante juraría que alguien iba sentado en el asiento trasero. Frené de golpe. Revisé todo el vehículo con la linterna del celular. No había nadie. Me reí de mí mismo, subí nuevamente y seguí avanzando. Apenas recorrí unos cientos de metros vi algo que me heló la sangre. Había un enorme árbol atravesado en medio de la carretera. Frené justo a tiempo. Si hubiera ido a la velocidad de unos segundos antes, habría chocado de frente. Mientras intentaba buscar la manera de rodearlo, escuché golpes sobre el techo de la camioneta. Eran tres golpes fuertes. Toc... toc... toc... Levanté la vista, pero no vi absolutamente nada. Los golpes volvieron a repetirse, esta vez sobre la puerta del conductor. Arranqué desesperado y di marcha atrás varios metros hasta encontrar un desvío de tierra que aparecía en el GPS. Conduje sin detenerme durante casi veinte minutos hasta llegar a una estación de servicio. Bajé completamente pálido. El encargado me preguntó si estaba bien. Le conté lo del árbol y los golpes. Se quedó en silencio unos segundos antes de decirme que esa carretera llevaba cerrada desde hacía años por varios accidentes fatales y que nadie debía circular por ahí de noche. Le respondí que yo acababa de pasar por ella. El hombre salió conmigo hasta el estacionamiento y observó la camioneta. Luego señaló el techo. Había tres marcas de manos cubiertas de barro, como si alguien hubiera apoyado ambas palmas con muchísima fuerza. Lo extraño era que había llovido varios días antes y esa noche todo estaba completamente seco. Nunca supe cómo aparecieron esas marcas. Al llegar a casa revisé el historial de llamadas para guardar el número y denunciar la broma. No había ninguna llamada registrada a esa hora. Pensé que tal vez el teléfono había fallado, así que pedí el reporte de mi operador unos días después. Tampoco aparecía ninguna comunicación entrante. Hasta el día de hoy sigo usando el mismo celular y jamás volvió a ocurrir algo parecido. Sin embargo, hay una costumbre que nunca abandoné. Si estoy manejando de noche y el teléfono suena mientras aparece "Número desconocido"... simplemente dejo que siga sonando. Porque hay una pregunta que todavía me da miedo responder: si nadie me llamó aquella noche... ¿quién fue la voz que me salvó la vida?
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