Misterio

La puerta del tercer piso

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Anónimo
31/07/2026 4 min de lectura
La puerta del tercer piso
Siempre he pensado que los edificios guardan recuerdos. No hablo de grietas ni de muebles antiguos, sino de algo más difícil de explicar. Algo que permanece cuando todos los demás se han ido.

Hace tres años acepté el puesto de conserje nocturno en un edificio de oficinas que llevaba meses prácticamente vacío. El trabajo era sencillo: revisar los pasillos, asegurarme de que todas las puertas estuvieran cerradas y registrar cualquier anomalía.

Las primeras semanas transcurrieron sin incidentes. Sin embargo, una madrugada encontré algo extraño.

En el tercer piso había una puerta de madera al final del pasillo. Según los planos, detrás de ella solo debía existir una pequeña sala de almacenamiento. Pero esa noche escuché claramente el sonido de una máquina de escribir.

Pensé que algún empleado había olvidado apagar un dispositivo antiguo. Abrí la puerta.

No había nadie.

La habitación estaba completamente vacía.

Ni escritorios, ni cajas, ni máquinas de escribir.

Solo una ventana cerrada y una fina capa de polvo que parecía no haber sido alterada durante años.

Anoté el incidente en el registro y seguí con mi ronda.

La noche siguiente ocurrió lo mismo.

Esta vez, además del sonido, distinguí el pasar de hojas de papel.

Cuando abrí la puerta, el silencio fue absoluto.

Revisé cada rincón con una linterna. Nada.

A la mañana siguiente le pregunté al administrador si alguien tenía acceso al tercer piso.

Me respondió con una sonrisa incómoda.

—Nadie trabaja allí desde hace mucho tiempo.

No añadió más.

Las semanas siguientes el fenómeno comenzó a repetirse con mayor frecuencia.

Siempre a las dos y diecisiete de la madrugada.

Nunca antes.

Nunca después.

Lo más curioso era que el sonido solo podía escucharse desde el pasillo. Bastaba con cruzar el umbral para que desapareciera.

Mi curiosidad terminó superando al miedo.

Una noche coloqué una pequeña grabadora frente a la puerta antes de que llegara la hora.

Esperé unos metros más atrás.

A las dos y diecisiete comenzaron otra vez las teclas.

Era un ritmo constante.

Como si alguien escribiera un documento muy largo.

Cuando revisé la grabación al amanecer, solo se escuchaba un silencio absoluto.

Ni una sola tecla.

Ni un solo ruido.

Pensé que quizá todo estaba ocurriendo únicamente en mi mente.

Hasta que una semana después apareció un sobre encima del escritorio de vigilancia.

No tenía remitente.

Dentro había una hoja escrita a máquina.

Solo decía:

*"No abras la puerta antes de escuchar el último punto."*

No reconocí la tipografía.

Ni el papel.

Ni quién pudo dejarlo allí.

Decidí seguir la extraña instrucción.

La noche siguiente esperé.

Las teclas comenzaron exactamente a la misma hora.

Permanecí inmóvil.

Después de varios minutos escuché un único sonido.

Tac.

Como si alguien hubiera escrito el punto final de una frase.

Solo entonces abrí la puerta.

La habitación seguía vacía.

Pero esta vez había algo diferente.

En el suelo encontré una llave antigua.

No pertenecía a ninguna cerradura del edificio.

Consulté con el administrador.

Negó haberla visto antes.

También pregunté a antiguos empleados.

Todos coincidían en una historia curiosa.

Décadas atrás existía allí una oficina de archivos donde un escritor independiente alquilaba un pequeño espacio para trabajar de noche.

Un día dejó de presentarse.

Nunca encontraron una explicación definitiva.

La llave continúa en mi poder.

Jamás descubrí qué abría realmente.

Lo más extraño es que, desde aquella noche en que la recogí, la máquina de escribir nunca volvió a escucharse.

A veces me pregunto si aquel misterioso escritor terminó por fin el último documento que estaba redactando.

O si, de alguna manera imposible de comprender, simplemente estaba esperando que alguien escuchara el punto final.
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