La silla vacía de todo los martes
Y pactamos algo: todos los martes íbamos a comer afuera. Solo nosotras. Sin hablar de trabajo. Ese fue el inicio de todo. Los primeros años. Los martes eran sagrados. Aunque lloviera, aunque tuviéramos mil cosas.
Comíamos menú de 10 soles en un huarique. Hablábamos de nuestros sueños estúpidos:
"Cuando tenga plata me voy a Cusco"
"Cuando tenga plata pongo mi tienda de ropa"
"Cuando tenga plata..." Siempre "cuando tenga plata". Nunca teníamos. Pero teníamos los martes. Y con eso nos bastaba. En el 2018 las dos renunciamos. Yo me metí a estudiar de noche. Ella puso un emprendimiento de tortas.
Los martes seguían. Ahora cambiábamos de lugar: a veces en su cocina, a veces en una banca del parque.
"Mitad y mitad", decíamos. Si una no tenía, la otra invitaba. El quiebre en el 2021 a Elena le empezó a ir bien con las tortas. Le llovían pedidos. Yo seguía chambeando y estudiando, sin tiempo para nada. Empezamos a vernos menos. "El martes que viene sí", me decía. Y no venía.
Yo me molestaba pero no decía nada. "Está ocupada, es por su bien", me repetía. Hasta que un martes me escribió: "Amiga, perdón. Tengo 3 tortas que entregar. ¿Podemos reagendar?". Le dije "normal". Pero por dentro me dolió. Ese martes fui al huarique igual. Pedí 2 menús por costumbre. Comí uno. El otro se quedó frío en la mesa de al frente.
El señor me dijo: "¿Y su amiga?".
"Está ocupada", contesté. Desde ese día los martes se volvieron mi día sola. Lo que entendí 3 años después Elena y yo seguimos siendo amigas. Nos escribimos. Nos vemos en cumpleaños. Le va muy bien. Pero los martes ya no son nuestros. Y yo me pasé 2 años odiándola por eso. Pensaba: "Me cambió por la plata, por el éxito".
Hasta que un día, limpiando fotos viejas, encontré una de nosotras en el 2016. Dos flacas flacas, con uniforme del call, comiendo arroz chaufa en taper. Y me cayó la ficha. No la perdí por el éxito.
La perdí porque yo me quedé esperando que todo siga igual.
Mientras ella crecía, yo quería que el mundo se congele en "los martes del menú de 10 soles".La amistad real no es que la otra persona se quede en el mismo sitio que tú.
Es acompañarse aunque vayan en caminos distintos. Yo quería que Elena sea la chica del call center para siempre.
Y ella necesitaba ser la chica de las tortas. Las dos teníamos razón. Y las dos la cagamos. Hoy Sigo yendo los martes al mismo huarique.
Pido un solo menú. Pero ahora cuando veo una mesa con dos sillas, no pienso "qué triste".
Pienso: "qué suerte tuve de tener a alguien con quien llenar esa silla por tantos años". Hace 2 meses le mandé un mensaje a Elena: "Oe, el martes hay menú nuevo en el huarique. ¿Te animas?". Me respondió en 5 minutos: "Voy. Invito yo". No hablamos de lo que pasó. Solo comimos. Nos reímos. Hablamos 3 horas. Al irme me dijo: "Gracias por esperarme". Y yo entendí algo: Reflexión final:
Los amigos no son para siempre en el mismo formato.
A veces son de todos los días. A veces son de los martes. A veces son de "cuando se pueda". Y está bien.
Porque lo importante no es que la silla siempre esté llena.
Lo importante es que cuando vuelva a llenarse, se sienta como la primera vez. Todavía me duele un poco. Pero ya no me pesa.
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