Las cenizas de Oakhaven
Terror · Ficción · El Rincón del Bar
El pueblo de Oakhaven parecía suspendido en el tiempo, atrapado bajo un cielo perpetuamente gris y rodeado por un espeso bosque de abetos negros que los lugareños llamaban La Muralla. Nadie se aventuraba allí después de la puesta de sol, y con razón: las leyendas decían que el bosque pertenecía a Las Tres Hermanas, brujas que habían habitado esas tierras mucho antes de que se colocara la primera piedra del pueblo.
Lucas, un joven escéptico restaurador de libros antiguos, llegó a Oakhaven para catalogar los volúmenes de la parroquia local. No creía en supersticiones; para él, la magia no era más que el producto de mentes ignorantes y antiguas. Sin embargo, su opinión comenzó a tambalearse la primera noche, cuando el viento soplaba contra su ventana imitando el sonido de susurros femeninos que lo llamaban por su nombre.
Al tercer día, mientras revisaba el archivo parroquial, encontró un diario encuadernado en cuero agrietado. Las páginas, escritas con una caligrafía temblorosa pero elegante, detallaban los juicios de 1840 contra las hermanas Vane. Según el documento, las mujeres no fueron ejecutadas en la horca, sino enterradas vivas bajo tres montículos de piedra en el corazón del bosque, con la boca cosida con hilos de plata para silenciar sus maldiciones.
Impulsado por una mezcla de curiosidad mórbida y una extraña compulsión que no lograba comprender, Lucas decidió adentrarse en La Muralla al caer la tarde.
El bosque era un laberinto de sombras. La luz del sol se desvanecía rápidamente, reemplazada por una bruma helada que se aferraba a sus tobillos. Guiado por un pulso extraño en sus sienes, avanzó hasta que los árboles se abrieron para revelar un claro circular. En el centro había tres montículos de piedras cubiertas de musgo oscuro, y de la tierra brotaba un tenue vapor bioluminiscente de un tono azul enfermizo.
Al acercarse al montículo central, Lucas notó algo aterrador: el suelo alrededor de las piedras latía rítmicamente, como si un corazón gigantesco estuviera enterrado justo debajo.
De repente, el aire se volvió denso y gélido. Una figura alta y encorvada emerdió de entre los abetos. No tenía rostro, solo una máscara hecha de ramas entrelazadas y cabello humano seco que le llegaba hasta el suelo. Antes de que Lucas pudiera correr, dos siluetas más aparecieron a sus espaldas, bloqueando cualquier ruta de escape.
Las brujas no emitieron sonido alguno con la boca, pero una voz áspera y múltiple resonó directamente en la mente de Lucas:—Desenterraste nuestra historia, muchacho. Ahora serás la tinta de nuestro próximo capítulo.
El suelo bajo sus pies cedió de golpe. Lucas cayó en un abismo de oscuridad y cenizas, donde las raíces de los árboles se retorcían como dedos hambrientos.
Al día siguiente, el pueblo de Oakhaven amaneció con un denso humo negro elevándose desde el bosque. En el escritorio de la parroquia, el diario de las hermanas Vane había desaparecido, y en su lugar solo quedaba un montón de cenizas húmedas y un viejo lápiz de carpintero que Lucas nunca había tenido. Nadie volvió a ver al restaurador, pero los ancianos del pueblo aseguran que, en las noches de luna nueva, se escuchan cuatro voces susurrando entre los árboles de La Muralla.
También te puede interesar
Otras historias de Terror que quizá quieras leer.
LOS MUERTOS DE LA CARRETERA 17
Terror sobrenatural · Ficción · El Rincón del Bar La primera vez que vi a un muerto viviente, estaba sentad...
Leer historia →
La niña que tocó mi puerta en Halloween
Nunca había sentido miedo de Halloween hasta aquella noche en que me tocó cuidar la casa de mi abuela. Vivía e...
Leer historia →
La sexta persona que apareció en nuestra foto
Nunca voy a olvidar aquella fotografía. Han pasado tres años desde lo que ocurrió en la casa de campo, pero to...
Leer historia →Comentarios
Todavía no hay comentarios
Sé la primera persona en compartir tu opinión sobre esta historia.
Inicia sesión o crea una cuenta para participar en la conversación.







