Le mentí a mi mejor amiga por 3 años
Me llamaré Lucía. Y le debo una disculpa a Carla que nunca me he atrevido a darle. Conocí a Carla en el 2019. Entramos juntas a trabajar a un call center en San Isidro. Odiamos el trabajo, odiamos al jefe, y por eso nos hicimos inseparables. Ella era la más pila. La que siempre tenía un plan. "Vamos a ahorrar y en 2 años ponemos algo nuestro", decía. Yo solo asentía. La verdad es que yo no ahorraba nada. En el 2020, en plena pandemia, a Carla la votaron. Se quedó sin nada. Yo seguí porque tuve suerte. Ella empezó a vender postres por delivery para pagar su cuarto.
Yo iba a su casa "a ayudar". En realidad iba a comer gratis y a sentirme útil. Un día me confesó llorando: "Luchi, junté 3000 soles. Es para poner mi cafetería chiquita. Es todo lo que tengo".
Le dije: "Qué valiente, amiga. Cuenta conmigo para lo que sea". Y ahí viene la parte fea.2 semanas después a mí me dieron mi liquidación. 4500 soles. Era mi oportunidad de irme de la casa de mi mamá, de pagar mis deudas.
Carla me llamó ese mismo día: "Amiga, me faltan 1000 para el horno industrial. ¿Me prestas? Te lo devuelvo en 6 meses cuando el negocio despegue. Somos socias, ¿ya?" Me dio pánico. Si le prestaba, me quedaba sin nada. Si no le prestaba, era una mala amiga.
Así que le mentí.
"Amiga, pucha, justo pagué todas mis deudas y me quedé en 0. Ojalá pudiera". Se quedó callada 3 segundos. "Ya, tranqui. Algo haré", me dijo. Consiguió el horno pidiendo fiado. Abrió "El Rincón Dulce" en el 2021. Chiquito, en Lince. Iba todos los días a tomar café y a subir historias. "Mi mejor amiga me apoya un montón", decía. Yo sonreía y tomaba mi café gratis. Por dentro me moría de culpa. Pasaron 3 años. A ella le empezó a ir bien. Pagó sus deudas. Me invitaba a comer. Me compró ropa para mi cumple.
Yo seguía con mi sueldo, sin ahorrar, alquilando un cuarto. El mes pasado me llamó a las 12 de la noche. "Luchi, necesito contarte algo".
Pensé que era algo malo.
"Encontré mi cuaderno de ahorros del 2020. Y me acordé... ¿te acuerdas cuando te pedí 1000 para el horno?" Se me heló la sangre. "Sí...""Ya. Solo quería decirte gracias. Ese día entendí que tenía que hacerlo sola. Y lo logré. Si me hubieras prestado, capaz me hubiera confiado y no la habría luchado tanto". Colgué y lloré como una hora. Le mentí a la persona que más me apoyó. Y ella me dio las gracias por eso. Todavía no le he dicho la verdad. No sé cómo.
Pero cada martes voy a su cafetería. Pago mi café. Y le dejo 50 soles de propina en una servilleta. "Para el horno", le escribo. Tal vez nunca se lo confiese. Tal vez sí.
Pero aprendí que ser amiga no es solo estar en las fotos bonitas.
A veces es cargar con una mentira de 3000 soles y 1000 de culpa.
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