Confesiones

Le quité el negocio a mi mejor amigo

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Anónimo
25/07/2026 3 min de lectura
Le quité el negocio a mi mejor amigo
Y hace 2 años le robé el sueño a Bruno. Mi hermano del alma. Nos conocimos en el 2016 trabajando de mozos. Bruno era el que le ponía chispa a todo. El que decía "un día vamos a tener nuestro propio bar". Yo solo me reía y le seguía la corriente. Ahorramos juntos 4 años. Literal. Cada viernes guardábamos 50 soles en una caja. "Para El Rincón", decía él y escribía con plumón en la caja.
En el 2020 llegó la pandemia y se cayó todo. Se gastó la mitad de la caja en comida y alquiler. Quedaban 6,800 soles. Bruno se deprimió feo. Se fue a vivir a casa de sus papás en Comas. Me dijo: "Causa, ya fue. Guardemos lo que queda para después". Yo no. Yo estaba desesperado. Con 27 años, sin chamba, viviendo con mi flaca y un bebé en camino. Y ahí la cagué. Empecé a buscar locales yo solo. Sin decirle. Encontré uno chiquito en Surquillo, 800 soles. Justo me alcanzaba con lo que quedaba de "la caja".
Le dije a Bruno: "Oe encontré un local. Pero está caro. No creo que podamos". Mentira. Lo alquilé a mi nombre. 15 días después. Le pedí plata prestada a mi suegro para las sillas y el refri. Le dije que era para "pagar deudas".
Pinté el local de noche, solo. Le puse "El Rincón" porque era el nombre que habíamos elegido los dos. El día de la inauguración lo invité. "Causa ven, inauguré una bodeguita para vender unas chelas". Llegó, vio el letrero, vio las fotos de los dos pegadas en la pared que yo había puesto de palta.
Se quedó callado como 1 minuto. "¿Y la caja, Diego?" me preguntó.
"La usé para el adelanto y la garantía", le dije. No mentí, pero tampoco dije toda la verdad. No me gritó. No me pegó. Solo agarró una chela, brindó conmigo y se fue.
Nunca más me volvió a llamar "causa". Pasaron 2 años. El bar me va bien. Me casé, mi hija nació ahí. Bruno trabaja de Uber y a veces pasa por fuera y no entra. Yo le mando plata cada mes. "Es de las ganancias", le digo por WhatsApp. Me deja en visto.
Le ofrecí sociedad. Me dijo: "Ya tienes tu negocio". La traición no fue por la plata.
Fue porque rompí la regla número 1: los sueños se cumplen juntos o no se cumplen. Ahora cada vez que alguien me dice "qué bonito tu bar", yo sonrío y digo gracias.
Por dentro pienso: "Este bar se llama El Rincón porque éramos dos. Ahora solo quedo yo". Y eso pesa más que todas las ganancias del mundo.
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