Anécdotas

Me subí al auto equivocado y tardé demasiado en darme cuenta

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Anónimo
19/07/2026 2 min de lectura
Me subí al auto equivocado y tardé demasiado en darme cuenta
Hace unos años salí del trabajo completamente agotada. Había sido uno de esos días en los que solo piensas en llegar a casa, quitarte los zapatos y no hablar con nadie durante un buen rato. Pedí un taxi desde mi celular y esperé en la puerta del edificio. A los pocos minutos vi detenerse un auto del mismo color que aparecía en la aplicación. Miré rápidamente la placa, o al menos eso creí, abrí la puerta trasera y me senté.
Buenas noches dije mientras guardaba el celular en mi bolso. El conductor me respondió el saludo con total normalidad y arrancó.Durante los primeros minutos no noté nada extraño. Yo iba mirando por la ventana, pensando en qué iba a preparar para cenar, hasta que me di cuenta de que estábamos tomando una avenida que no tenía absolutamente nada que ver con el camino hacia mi casa.
Disculpe, ¿por qué estamos yendo por aquí? pregunté.
El hombre me miró por el espejo retrovisor con una expresión de confusión.
Porque vamos al aeropuerto. Sentí que algo no cuadraba. ¿Al aeropuerto? Yo voy a mi casa.
Hubo unos segundos de silencio. Entonces el conductor preguntó:
¿Usted es Patricia? .No. Frenó lentamente al costado de la avenida. Los dos nos quedamos mirándonos a través del espejo. Yo había subido al auto equivocado. Lo más gracioso fue descubrir que el conductor tampoco se había dado cuenta. Estaba esperando a una pasajera frente al mismo edificio y simplemente asumió que yo era ella.
Saqué mi celular y tenía varias llamadas del verdadero conductor preguntando dónde estaba. Cuando expliqué lo ocurrido, el hombre comenzó a reírse.
Menos mal que preguntó, me dijo. Si no, terminábamos los dos en el aeropuerto.
Regresamos unas cuadras y finalmente encontré mi taxi. Desde aquel día tengo una costumbre que antes me parecía exagerada: antes de subir a cualquier vehículo reviso la placa completa y pregunto el nombre del conductor. Mis amigas todavía se ríen cuando cuento que una noche casi terminé en el aeropuerto sin maleta, sin pasaporte y sin tener ningún viaje planeado.
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Comentarios

1 comentario
elena
elena

Que buena historia