Terror

Mi esposo insistió en pasar la noche en una casa abandonada... todavía me arrepiento de haber aceptado

28/07/2026 4 min de lectura
Mi esposo insistió en pasar la noche en una casa abandonada... todavía me arrepiento de haber aceptado
Nunca había contado esto porque durante mucho tiempo ni siquiera mi esposo y yo nos pusimos de acuerdo sobre lo que ocurrió esa noche. Han pasado casi siete años y, aunque intentamos seguir con nuestras vidas, hay un tema del que jamás volvimos a hablar. Todo comenzó durante un viaje de fin de semana. Nos gustaba recorrer pueblos pequeños y tomar fotografías de lugares antiguos. Mientras conversábamos con un señor que atendía una tienda, nos habló de una vieja casa ubicada a varios kilómetros del pueblo. Dijo que llevaba más de cuarenta años abandonada y que los vecinos evitaban acercarse cuando caía la noche. Mi esposo, que nunca creyó en historias de miedo, se entusiasmó de inmediato. Decía que seguramente era una leyenda inventada para asustar turistas. Yo no quería ir, pero después de insistirme tanto terminé aceptando. Llegamos poco antes del atardecer. La casa estaba deteriorada, con ventanas rotas y la pintura completamente desgastada. Aun así, decidimos entrar para tomar algunas fotografías. Mientras recorríamos las habitaciones noté algo extraño. No había polvo sobre el piso, como si alguien hubiera estado caminando por allí hacía muy poco tiempo. Pensé que quizá otros curiosos habían visitado el lugar antes que nosotros. Cuando comenzó a oscurecer, mi esposo propuso quedarnos unas horas más para hacer fotografías nocturnas. Preparó una pequeña lámpara y dejamos las mochilas en lo que parecía haber sido la sala principal. Al principio todo estaba en silencio. Demasiado silencio. Ni siquiera se escuchaban insectos o el viento entre los árboles. De repente oí claramente pasos en el piso de arriba. Pensé que era algún animal, pero mi esposo también los escuchó. Subimos juntos revisando cada habitación. No encontramos absolutamente a nadie. Al bajar nuevamente descubrimos que nuestras mochilas ya no estaban donde las habíamos dejado. Las buscamos por toda la casa hasta que aparecieron en una habitación del fondo, perfectamente acomodadas una al lado de la otra. Los dos nos miramos sin decir una palabra. Ninguno quería admitir que aquello no tenía explicación. Decidimos irnos de inmediato. Cuando llegamos a la puerta principal intentamos abrirla, pero no se movía. Empujamos con todas nuestras fuerzas. Era como si alguien la estuviera sosteniendo desde el otro lado. Mi esposo comenzó a golpearla mientras yo buscaba otra salida. En ese momento escuché una voz muy suave detrás de mí. Era una mujer que decía: "No se vayan todavía". Sentí un frío recorrerme la espalda. Me giré de inmediato. No había nadie. Corrí hacia mi esposo sin decirle lo que había oído. Después de varios intentos la puerta finalmente cedió y salimos casi corriendo hasta el automóvil. Ninguno habló durante el camino de regreso. Pensé que todo había terminado, pero al revisar las fotografías esa misma noche encontramos algo que todavía nos cuesta explicar. En casi todas las imágenes aparecía una mujer al fondo de algún pasillo o detrás de una ventana. Siempre estaba de espaldas. Siempre llevaba el mismo vestido claro. Lo más inquietante era que ninguno de los dos recordaba haber visto a alguien dentro de la casa. Al día siguiente regresamos al pueblo para preguntar si conocían a esa mujer. Un anciano observó una de las fotografías durante varios minutos y luego nos dijo que, según los habitantes más antiguos, hacía décadas una joven había vivido en esa casa y solía esperar cada noche a su esposo, que nunca regresó de un viaje. Nadie pudo confirmar si la historia era cierta o solo una leyenda. Antes de irnos decidimos borrar todas las fotografías. No queríamos seguir pensando en aquello. Sin embargo, semanas después encontré una imagen nueva en la galería de mi celular. Era la fachada de aquella casa. No recordaba haberla tomado. Al acercar la fotografía descubrí a una mujer de pie junto a una de las ventanas. Esta vez no estaba de espaldas. Estaba mirando directamente a la cámara. Desde entonces prometimos no volver a entrar en lugares abandonados solo por curiosidad. Porque algunas puertas esconden historias que es mejor dejar cerradas.
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