Tres días perdido en una montaña
Subí a la montaña pensando que sería una caminata de unas horas. Llevaba agua, comida y una pequeña mochila. Pero una tormenta llegó antes de lo previsto y la visibilidad desapareció por completo.
Intenté regresar por el mismo camino, pero terminé siguiendo una ruta equivocada. Cuando cayó la noche comprendí que estaba perdido.
Pasé la primera noche bajo unos árboles. Al día siguiente encontré un pequeño arroyo y decidí seguirlo. Después de varias horas descubrí una vieja cabaña.
Toqué la puerta.
Nadie respondió.
Entré solamente para protegerme de la lluvia. Dentro había una chimenea, una mesa y varias mantas. Encima de la mesa encontré una nota: “Si estás perdido, descansa. Cuando salga el sol, sigue el río”.
Seguí las instrucciones.
Durante dos días avancé siguiendo el agua hasta encontrar finalmente un camino utilizado por excursionistas. Poco después me encontró un grupo de rescate.
Cuando regresé al pueblo pregunté por aquella cabaña. El guía que había dirigido la búsqueda me miró sorprendido.
Me dijo que hacía más de veinte años que aquella cabaña estaba abandonada.
Todavía conservo la nota.
7. 🤫 Confesión
Durante treinta años le dije a todo el mundo que había abandonado mi sueño porque había dejado de gustarme. Era mentira.
Desde adolescente quería ser músico. Tocaba la guitarra, componía canciones y soñaba con algún día subir a un escenario. Pero cuando tenía veintidós años, mi padre perdió su trabajo y tuve que comenzar a trabajar para ayudar en casa.
Nunca se lo dije a nadie.
Cuando mis amigos me preguntaban por qué ya no tocaba, simplemente respondía que había cambiado de intereses.
Pasaron los años. Me casé, tuve hijos y construí una vida completamente diferente. Un día mi hija encontró una vieja caja con mis canciones.
Me preguntó por qué nunca había intentado cumplir aquel sueño.
No supe qué responder.
Le conté la verdad.
Ella me abrazó y me dijo: “Papá, todavía puedes tocar”.
Esa frase cambió algo dentro de mí.
A los cincuenta y ocho años compré una guitarra nueva.
No me convertí en músico famoso.
No llené estadios.
Pero volví a tocar.
Y descubrí que algunos sueños no desaparecen. Solo esperan pacientemente a que dejemos de tener miedo de intentarlos.
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