Fingí conocer a una desconocida y años después volvimos a encontrarnos
Parecía nerviosa.
Cuando llegó a mi lado hizo algo que me sorprendió.
—¡Carla! ¡Qué casualidad encontrarte aquí! —dijo mientras me abrazaba como si me conociera desde hacía años.
Mi nombre no es Carla.
Al principio pensé que simplemente me había confundido con otra persona, pero entonces me habló muy bajito.
—Por favor, sígueme la conversación.
No entendía qué estaba pasando, pero noté que miraba discretamente hacia atrás.
Un hombre estaba parado a cierta distancia.
Decidí seguirle el juego.
—¡No puedo creerlo! —respondí—. Hace muchísimo que no te veía.
Empezamos a hablar de cualquier cosa como si fuéramos amigas de toda la vida.
Ella se quedó conmigo varios minutos hasta que llegó mi autobús.
Antes de subir, le pregunté si quería acompañarme.
Aceptó.
Ya dentro me explicó que había notado que aquel hombre caminaba detrás de ella desde varias calles atrás y no sabía si realmente la estaba siguiendo o si simplemente iban en la misma dirección. Se había asustado y, al verme esperando en una zona concurrida, decidió fingir que me conocía para no quedarse sola.
Me agradeció varias veces.
Nos presentamos de verdad, intercambiamos nombres y después cada una siguió con su vida.
Nunca volvimos a hablar.
Pasaron varios años.
Un día fui a una entrevista de trabajo.
Cuando entré a la oficina, la mujer que iba a entrevistarme se quedó mirándome durante unos segundos.
Yo también sentí que su cara me resultaba conocida.
Entonces sonrió.
—¿Carla?
Tardé unos segundos en entenderlo.
Era ella.
Las dos empezamos a reírnos inmediatamente.
Terminamos hablando unos minutos sobre aquella tarde antes de comenzar la entrevista.
Lo curioso es que conseguí el trabajo, aunque ella siempre dejó muy claro que me contrataron por mi experiencia y no por aquella historia.
Con el tiempo terminamos haciéndonos amigas de verdad.
A veces todavía bromeamos con algo que siempre me ha parecido curioso:
La primera conversación que tuvimos fue completamente fingida.
La amistad que vino años después, no. Gracias
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